Y esto, ¿por qué?

bodegon

No sé exactamente cuándo comenzó todo. Hace ya lo suficiente como para no recordarlo y como para necesitar un espacio extra para todo lo que he ido acumulando a lo largo de los años. Libros, revistas, moldes, cortadores de galletas, más moldes, mangas pasteleras y boquillas de todo tipo, cucharas para servir y pies para lucir esas tartas ideales que a veces salen… Mi lista de blogs es infinita y el tablero de Pinterest que tengo dedicado a la cocina, un recordatorio diario de las tareas pendientes que se me van acumulando. Siendo realista no podré emular a la protagonista de Julie and Julia -que es lo que realmente me gustaría-. En esta película, Amy Adams interpretaba a Julie, una aficionada a la cocina que se propone cocinar las 254 recetas del libro de cocina de Julia Child durante un año y contarlo en un blog. Si la memoria no me falla -algo que sucede a menudo- ella se tomaba a rajatabla su cometido. Cocinaba una receta, aunque fuera de las de cien elaboraciones y tipos de cocción diferente, cada día. Sin importar lo duro que hubiera sido su jornada de trabajo o la hora a la que se pusiera el delantal. Bien. No soy ese tipo de persona. Obsesiva, sí. Con tendencia a emprender hobbies y aficiones de todo tipo mientras los días pasan sin llevar nada a término, también.

Sin embargo, en este momento vital -digamos diferente- en el que me encuentro derepente caigo en la cuenta de que tengo moldes que ni siquiera he estrenado. Los tengo escondidos para que el marit no los descubra y tenga que escuchar un: “Y esto que te compraste en aquella tienda de Roma y que me hiciste cargar en la maleta, ¿lo piensas usar alguna vez?” Mientras sostiene un molde gigante de Panetone para 20 comensales. Así, mi cajón de las vergüenzas va amenazando con reventar cualquier día. Y yo, antes muerta que darle la razón.

Ilustración por Fetén Martínez

Total, que me he venido arriba, borracha de recetas después de verme blogs, revistas nacionales y extranjeras y libros exquisitamente editados y he decidido empezar este diario de una obsesión. A él le pienso hacer testigo de que al menos una vez, usé ese utensilio de cocina que compré hace años. Me servirá también para tachar todas esas recetas de libros, revistas e Internet que ocupan mi lista infinita de tareas pendientes. Las fotos posiblemente serán lo de menos y el éxito de los resultados, variable. Asumo estas debilidades, qué le vamos a hacer.

Nota mental: actualizar este lugar más de una vez cada tres meses. Es necesario. Lo intentaré. Lo conseguiré. Sí-se-puede.

Pero, sobre todo, le demostraré a “el marit” que todo lo que he comprado ha sido, es y será por verdadera necesidad.

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Como por ejemplo, este kit de cupcakes rollo “God Save the Queen” que lleva conmigo unos 5 años y ha sobrevivido a tres mudanzas. Una nunca sabe cuándo va a tener que demostrar su fidelidad a la Jack Union. Pero, eh, estaban al 50% ¿quién puede resistirse a eso?